Contacto cutáneo constante como factor de riesgo
El estetoscopio es uno de los instrumentos más utilizados en la práctica médica diaria.
No solo se usa en medicina general, sino también en pediatría, medicina interna, cardiología,
medicina de urgencias y muchas otras especialidades.
Para poder auscultar de manera fiable, el estetoscopio debe colocarse directamente sobre la piel,
ya sea con la membrana o con el diafragma. Solo así se garantiza que los sonidos cardíacos,
pulmonares o intestinales se escuchen correctamente. Sin embargo, el contacto directo con la piel
provoca que la campana esté en constante contacto con los gérmenes presentes en la superficie cutánea.
Al igual que ocurre con las manos del profesional, estos gérmenes se adhieren al cabezal del
estetoscopio y pueden transmitirse fácilmente.
En consecuencia, tras cada contacto con un paciente debería realizarse no solo una desinfección de manos,
sino también una desinfección del estetoscopio. No obstante, la realidad cotidiana es muy diferente.
Mientras que la concienciación sobre la importancia de la higiene de manos ha aumentado en los últimos años
gracias a campañas e iniciativas informativas —y la desinfección de manos tras cada contacto con un paciente
es hoy algo habitual—, muy pocas personas son conscientes de lo elevado que es el riesgo de infecciones nosocomiales
derivado del uso de estetoscopios contaminados. Esto se debe probablemente a que existen muy pocos estudios,
y de tamaño reducido, sobre este tema.